De solo pensarlo se me escarapela el cuerpo y no precisamente por ser la hija de un hombre que pudo tener nombradía y prefirió el delirio del poder omnipotente a la democracia condescendiente y humana, sino porque para ser el primer dignatario de un país, hay otras cualidades y marcas que la hoy congresista y esposa de un ciudadano norteamericano no posee. Primero le falta preparación, experiencia, presencia y calle formal para el cargo. En el Congreso, donde deambula sin ton ni son, pues que se sepa y oiga no ha formalizado ningún emprendimiento o iniciativa legislativa trascendente, aparece como lideresa camouflada en el apellido paterno. Las gentes que lo acompañan son aquellas que medraron de las dádivas y deferencias interesadas del gobernante de facto. Los clubes de madres, los vasos de leche, organizaciones vecinales, etc., administraron dineros provenientes del erario nacional sin ninguna fiscalización. Añoran ese fácil botín que se les escurrió de las manos.
Los más letrados de ese conglomerado que prosperó durante la década delirante, saben que Keiko – a quien por supuesto habría que echarle en cara su falta de solidaridad y piedad con su propia madre, es la única vía para poder seguir disfrutando de dinero, poder y halagos. Recuerden nomás al engolado y atildado Francisco Tudela, obligado a bailar sobre la tarima, haciendo el ridículo en un episodio que él mismo no puede digerir hasta ahora. En fin, todo puede suceder porque en el país de los ciegos el chino es rey, siempre y cuando la población avisada e instruida del país no se lo permita.
ESCRITO POR ERNESTO SÁNCHEZ SARMIENTO


